¿El Carmen de Chucurí sufrirá la venganza del ELN-FARC y Santos?

Después de varios años de vivir en paz, el ELN, de la mano del gobierno de Juan Manuel Santos y sus aliados de las FARC y el Sindicato de la USO (controlado, según aseguran, por el ELN) quiere victimizar de nuevo a El Carmen de Chucurí, el sufrido pueblo que vivió horrores indescriptibles cuando los terroristas del ELN decidieron declararle la guerra al pueblito bajo el pretexto de “habernos acusado ante el ejército y los masetos”.

La historia de la convivencia de El Carmen fue cruel desde el principio. El terrorismo llegó vestido de sotanas, personalizado en sacerdotes jesuitas que comenzaron a catequizar allí sobre la ‘Teología de la Liberación’, ese infernal invento de los hijos de Loyola para engañar jóvenes y convertirlos en asesinos legitimados en una supuesta lucha de “explotadores contra explotados”. Allí nació el sanguinario “Gabino” (Nicolás Rodríguez Bautista), y allí se hizo famoso el cura Bernardo Marín Gómez, íntimo de Manuel Pérez (alias Poliarco) y del cura jesuita Javier Giraldo, de la ONG profariana ‘Justicia y Paz’.

Una vez el ELN se apoderó del pueblo, comenzó a expropiar las tierras a los humildes campesinos y las convertían en una especie de chagras, terrenos comunales destinados a suplir alimentariamente a los bandidos mediante la esclavización de los expropiados que ahora tuvieron que trabajar gratis para el ELN. Muchos jóvenes se incorporaron al ELN porque, además, los terroristas montaron una escuela de adoctrinamiento de obligatoria asistencia para los campesinos.

Todos recuerdan al cura Bernardo Marín Gómez, famoso por odiar al Ejército y adorar la subversión marxista. “Los militares me repugnan”, solía decir, a la vez que les negaba la comunión a los soldados.

En 1993, el campesino Antonio González denunció al cura Marín. El pueblo estaba cansado de 25 años de sometimiento y torturas sufridas a manos de esos terroristas. Sobre Marín, el campesino dijo que era el encargado de transportar armas para el ELN, de adiestrar muchachos, de robarse los cadáveres de guerrilleros abatidos por el Ejército en combate, y llevarlos hasta los campamentos de sus compinches para darles revolucionaria sepultura. Les llevaba alimentos, pertrechos y municiones a los bandidos, y en cada vereda les decía a los jóvenes que había que destruir al Ejército y al gobierno.

Fueron 25 años en que El Carmen tuvo que ver cómo el ELN mutilaba campesinos, violaba mujeres y niñas, robaba sus tierras desplazando a los propietarios, y descuartizaba a quien osara protestar. También desaparecieron muchas personas.

“Gracias a Dios el Ejército llegó y nos ayudó”, dice hoy un habitante que vivió en carne propia el terror de esos años. La gota que rebosó la copa fue el asesinato del alcalde Alirio Beltrán Luque, el 23 de abril de 1991. Alirio había solicitado ayuda al Ejército porque la población ya no soportaba que a su gente la asesinara a diario el ELN o que reclutaran a sus niños y convirtieran a inocentes menores de edad en sus esclava sexuales.

La salvación corrió por cuenta del capitán Germán Pataquiva Delgado, quien llegó a la región en 1989 con 240 jóvenes soldados a quienes entrenó en un par de meses. El primer golpe que asestó Pataquiva a los bandidos fue en el vecino pueblo de San Vicente de Chucurí; el 5 de febrero de 1989 les tendió una trampa fingiendo que la tropa abandonaba el pueblo y, cuando los terroristas se lo tomaron, Pataquiva regresó y los enfrentó en el mismo corazón la población.

Con esta experiencia, Pataquiva fue enviado a El Carmen, donde empezó a ganarse la población ante el visceral odio y repulsión del cura Marín. Cuando cerca de 4.000 campesinos fueron hasta donde Wilson Solano, cabecilla del Frente Capitán Parmenio, para notificarle que no querían más muertes ni tragedias, sino que buscaba la paz, el sicario los amenazó de muerte si dejaban de colaborarle al ELN. Y lo cumplió; en pocos días la banda marxista asesinó a los primeros mártires: 235 campesinos sangrientamente abatidos.

Alirio Beltrán Luque, el valiente alcalde que fue salvajemente torturado y asesinado por el ELN

Y entonces es elegido Alirio Beltrán, un hombre recio y valiente a quien la guerrilla no pudo doblegar. Y el 22 de abril de 1991, siendo las 8 y media de la mañana de un lunes, Wilson Solano y sus bandidos emboscaron y secuestraron al alcalde. Lo quemaron con ácido, le sacaron un ojo, le arrancaron las uñas con alicates, le enterraron agujas en las uñas de los pies. Lo dejaron abandonado en un camino, totalmente despedazado, y así lo encontraron su esposa e hijos. Dice una testigo de la tortura que Alirio le escupió al matón del ELN: “Mátenme, pero yo no les marcho más a ustedes”.

El pueblo se volcó a las calles a gritar consignas contra la guerrilla. Y el cura Marín fue denunciado y obligado a irse del pueblo. Huyó hacia Brasil donde fue acogido por otros curas guerrilleros de la Teología de la Liberación. Allá, al parecer, murió de una trombosis el 30 de julio de 2002.

La reacción del ELN fue descomunal. Los asesinatos se intensificaron. Montaron retenes en los caminos y bajaban pasajeros de los buses para identificar a quien fuera oriundo de El Carmen o viviera allá. Si la identificación era positiva, el desdichado sufría toda clase de vejámenes antes de ser fusilados y sus productos quemados o robados. El ELN prácticamente sitió a El Carmen de Chucurí. Muchos niños murieron o quedaron mutilados debido a que los criminales colocaban minas antipersona en las entradas de los centros educativos y campos de recreación. Las FARC se unieron al ELN para tratar de borrar de la faz de la tierra a El Carmen del Chucurí.

Pero los pobladores no se amilanaron. El General Harold Bedoya envió suficientes hombres y armamento para proteger los camiones que entraban y salían con alimentos, y para que la población se sintiera a salvo.

No obstante, una vez los terroristas se dieron cuenta de que militarmente no podrían derrotar al Ejército para volver a esclavizar al pueblo, entraron en acción las ONG de los bandidos, como la “Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz” del cura Giraldo, el Cinep,  la Comisión de Derechos Humanos, colectivos de abogados y comisiones de juristas para atacar al Ejército mediante una guerra jurídica. Acusaron falsamente a los militares de las masacres que los mismos bandidos cometían, llevaron a tribunales a civiles que habían protestado contra la brutal carnicería del ELN y las FARC en contra del pueblo.

El Defensor del Pueblo de entonces, Jaime Córdova Triviño, otro aliado de los bandidos, fue invitado a El Carmen para que constatara de primera mano la verdad: que los asesinos eran los guerrilleros del ELN y FARC, y no el Ejército ni respetados civiles, como aseguraban las ONG al servicio del terrorismo. Córdoba Triviño sí acudió al pueblo, en compañía de Horacio Serpa Uribe, pero no para escuchar a las víctimas del terrorismo, sino para sacar del pueblo, en vehículos oficiales, escondidos, a cinco bandidos aliados de los terroristas que esperaban ser procesados por la complicidad en las masacres, mutilaciones, violaciones y torturas en las que habían participado junto al cura Marín y su sacristán Orlando Rueda. Mientras una comitiva de víctimas esperaba a Córdoba Triviño y a Serpa, este par de pillos huían del pueblo llevándose a los bandidos para protegerlos.

Finalmente, El Carmen pudo vivir su anhelada paz. Han tenido años de progreso, alegrías, convivencia tranquila y prosperidad.

Camilo Torres Restrepo

Una condición envidiable que está a punto de terminar.

El próximo 14 de febrero van a erigir un busto y una placa en honor al cura guerrillero Camilo Torres Restrepo, un ícono del ELN. Para ello, el gobierno ha destinado generosos recursos provenientes de nuestros impuestos, y será celebrada una misa que podrá ser presidida por los curas Giraldo o de Roux, filoterroristas reconocidos.

“Nos van a meter de nuevo la guerrilla, señor periodista”, me dice una habitante de El Carmen. “Van a traer a casi 2.000 personas para tomarse el pueblo en vivo y en directo”

Otros nos aseguran que no quieren más guerra ni dolor, que quieren la paz porque ya la han conseguido y no ven justo que re-victimicen al pueblo obligándolo a agasajar a sus verdugos.

Este domingo 7 de febrero, una comitiva de delegados del gobierno de Santos reunió al pueblo y les comunicó el ultimátum: Quieran o no, van a rendir homenaje al cura guerrillero y a la cúpula del ELN. Hernando Hernández, presidente de la USO (acusado de tener nexos con el ELN y absuelto gracias al testimonio de Horacio Serpa), también arengó al pueblo con amenazas soterradas de que, si se negaban a rendir homenaje al guerrillero, podrían ser considerados enemigos de la paz.

“¿Enemigos de la paz por querer que nuestro pueblo siga en paz y por no habernos dejado arrodillar de estos terroristas? ¡Esto es una sentencia de muerte!”, manifestó otro entrevistado. “¿Cómo es posible que este señor Hernández, que forma parte del ELN, nos venga a decir que debemos unirnos a la paz? ¡Si ya estamos viviendo en paz…! ¿Qué quieren?”, dijo con indignación “¿Por qué nos amenazan así?”

Lo cierto es que en El Carmen nadie anda armado, solamente la policía y el Ejército. “Mire, señor periodista… Si el cura ese Camilo fue bueno, pues que le rindan homenaje en el lugar donde fue bueno. Pero para nosotros fue lo más malo que alguien pueda ser…”

“Acá vendrá Piedad Córdoba, alias Teodora de Bolívar o Comandantes Norma, y toda la cúpula de terroristas vestidos de corbata, todos esos cómplices de los asesinatos, torturas, secuestros y mutilaciones de más de 1.000 campesinos nuestros… No los queremos acá a ninguno de ellos. Queremos seguir viviendo en paz..!”, reclamo otro entrevistado.

Horacio Serpa y sus amigos, los bandidos del ELN

A pesar de que 10 de los 11 concejales del pueblo dijeron que no aprobaban el acto, en el día de hoy, 10 de febrero de 2016, el alcalde había recibido más de diez llamadas desde el Ministerio del Interior preguntando cómo iban los preparativos para el homenaje al ELN y anunciando que antes de finalizar el día llamaría el mismísimo ministro Juan Fernando Cristo para confirmar que todos estén colaborando para el recibimiento de los guerrilleros y sus amigos este 14 de febrero.

No sé qué sentirá la familia del alcalde torturado y asesinado, Alirio Beltrán, ni tampoco lo que dirá don Bernardo, a quien el ELN y las FARC le masacraron toda su familia, incluidos sus pequeños niñitos de 4 y 12 años de edad, acerca de este homenaje a los malditos asesinos. Pero cualquier ser humano en sus cinco cabales estará de acuerdo en que esto no es solamente un acto de provocación, sino una venganza contra un pacífico pueblo que decidió no seguir sometido al terrorismo.

Dios no lo quiera, pero lo que se le avecina a El Carmen de Chucurí es la tenebrosa venganza de las FARC y el ELN que llegará con la complicidad criminal de Juan Manuel Santos y su gobierno. Ellos serán los responsables de lo que pueda ocurrir.

“Señor periodista, ¡ayúdenos..! Este pueblo es un remanso de paz pero los bandidos lo quieren volver a convertir en un infierno, y todo auspiciado por el máximo comandante subversivo Juan Manuel Santos. Ojalá, con ayuda de los ángeles y personas como usted, Dios no permitirá esto..” Me dijo una mujer al borde de las lágrimas.

¡Qué horror..! El terrorismo regresa campante a El Carmen de Chucurí para burlarse de los mutilados, de las familias de los asesinados y desaparecidos, de los huérfanos y viudas que aún siguen llorando a sus muertos y torturados.

¿De cuánta más maldad será capaz Juan Manuel Santos, alias “Santiago”?

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