NAVIDAD, JUSTICIA Y EQUIDAD

Hay acontecimientos significativos, como lo es el nacer. Entre las múltiples consecuencias de haber nacido, está el reconocer los derechos de ser persona humana. Pero, antes de nacer, la vida humana en las etapas embrionaria y fetal, tiene también derechos evidentes, como el de la vida, que es de capital importancia, innegable e inviolable, aunque no lo reconozca así una discutible sentencia de la Corte Interamericana de DD HH.

            De muchas maneras se niega la vida. A los nacidos mediante el homicidio (asesinatos, feminicidios, parricidios, infanticidios, terrorismo). A los no nacidos, mediante el aborto, que impide la viabilidad del nacimiento.

            Hoy, 25 de diciembre, el mundo festeja el nacimiento del Dios hecho Niño, quien asumiendo la condición humana se hace Dios-con-nosotros. Él es el Señor, porque es omnisciente (lo conoce todo) y omnipotente (lo puede todo). Atributos que lo hacen Soberano, Rey que todo lo domina. Por eso, Él es el Señor, a quien Isaías le reconoce, desde su condición de naciente Dios-Niño, diversos nombres: Dios guerrero y Príncipe de la Paz. Que se armonizan sin contradicción alguna.

La actual sociedad secularizada celebra la Navidad, aunque algunos no saben qué celebran en Navidad. Pero de todos surgen expresiones extraordinarias de afectos y de restauración de espacios de paz. Porque la Navidad, históricamente, amengua guerras y morigera la beligerancia.

            En el Perú esta Navidad la celebramos en vísperas del desencadenamiento de las campañas para las elecciones presidencial y de representantes al Parlamento. La circunstancia reactualiza la importancia de la “agenda política”, que es lo que no debe olvidarse porque se debe hacer.

            Hay un problema de justicia, sensible y pendiente: El caso de los militares injustamente presos y el de aquellos que próximamente serían re-sentenciados, por su actuación en la guerra subversiva, que iniciaron los comunistas en 1980 y que hasta nuestros días la continúan en los territorios del VRAEM. Esos militares, desde hace 15 años pagan, tratados como enemigos del país, los efectos de la debacle del régimen de Alberto Fujimori.

            En contraste, todo reclamo a favor de los subversivos ha sido concedido, y sus petitorios no se agotan. Pero, poco o nada se ha peticionado en favor de los militares que, libraron actos de guerra, y a quienes se les imponen graves condenas, sin considerar las excepcionales circunstancias que la Nación padeció, a causa de la persistente violencia comunista.

La agenda política debe restaurar la justicia, imparcial y sin ideología deformante. Aconseja Aristóteles que la justicia se perfecciona con la equidad, que consiste en aplicar bondadosamente lo que es justo, evitando la ciega rigurosidad del texto siempre perfectible de la ley escrita por hombres.

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