Sombras del nuevo gobierno

A escasos días de la instalación del gobierno que presidirá el economista Pedro Pablo Kuczynski, elegido para gobernar hasta el 2021, año del bicentenario de la etapa republicana del Perú, pues, como nación y comunidad política nuestros ingredientes culturales son anteriores en el tiempo: el virreinato y el incario, y las culturas preincas de las que tanto nos orgullecemos.
“PPK” es una sigla que resuelve en doble significación la dificultad en pronunciar el apellido Kuczynski. Es la denominación de su partido, y a la vez es él mismo.
Lo económico no fue tema controversial entre los dos candidatos de la etapa final electoral: la hija mayor de Fujimori y PPK. Cualquiera de las dos prometía conducir al Perú por la senda del liberalismo moderado.
Las distancias y diferencias entre Fujimori y PPK, tienen otros ingredientes: la intensidad y eficacia de las políticas sociales de auxilio a los millones de peruanos que sufren marginación socio-cultural. Terreno en el que el fujimorismo ha sido eficaz cuando fue gobierno; pero no es el fuerte de PPK como lo muestra su largo recorrido como ministro de diferentes gobernantes.
Heredamos las consecuencias de un gobierno necio como el de Ollanta Humala. Un disparate político que ha erosionado al Estado, propiciando la anarquía de la cual se benefician todas las expresiones del crimen y el delito.
PPK ha seleccionado su primera carta para presidir el consejo de ministros, a Fernando Zavala, dinámico economista y empresario, contagiado por las estimulaciones provenientes de las izquierdas culturales, e inclinado a aplicar medidas de corrosión social como el matrimonio homosexual.
Advertimos el factor divisionista de la partidocracia, la degeneración de la democracia. Porque los liderazgos políticos se comportan en sorda pugna que no cesará de incrementarse, porque jugar a las contradicciones irreconciliables conduce al abismo de las posiciones partidistas.
No es de buen agüero que el gobierno de PPK se realice a partir de un equipo de ministros ensamblado y sin unidad de visión política, además de sufrir la influencia de los clubes de pensamiento radicales en los que se han convertido nuestras izquierdas, siempre de oratoria violentistas pero carentes de masas revolucionarias, y que han sabido subirse al carro del gobernante PPK.
No es un alentador horizonte, habrá efectos negativos en nuestra Nación, la que otra vez pierde las posibilidades de gozar del buen gobierno.
Publicado en el diario “La Razón”, Lima, viernes 22 de julio de 2016, pág. 6

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