Sebastián Piñera:”Sin duda que Macri como nuevo presidente de Argentina marcará una diferencia en el actual contexto latinoamericano”

El ex presidente Sebastián Piñera reafirma sus críticas a la administración de Bachelet. Además, desde Colombia analiza el momento político de América Latina y saca lecciones del triunfo de Macri en Argentina para su sector: “No se debe pretender imponer todas las ideas y transformar un movimiento político en un regimiento o un convento”.

Por Juan Andrés Quezada, desde Cartagena de Indias

Aunque le incomoda el calor húmedo (33 °C) de esta histórica ciudad caribeña, Cartagena de Indias, fundada el 1 de junio de 1533 por el conquistador español Pedro de Heredia, Sebastián Piñera —quien viste una guayabera blanca, que tras la entrevista se cambiará para tomarse las fotos— se ve relajado, muy contento. Dentro de unas horas se reencontrará con amigos que hizo cuando fue gobernante: el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el ex presidente de México Felipe Calderón, junto a quienes expondrá en un seminario sobre infraestructura en Colombia.

“El presidente Santos me invitó personalmente a exponer, porque Colombia, después de 50 años de guerra, quiere dar un gran salto y está elaborando, por primera vez en su historia, un plan de infraestructura a largo plazo y ellos quieren conocer la experiencia chilena”, señala Piñera desde su suite en el Hotel Santa Clara, en pleno centro de la ciudad amurallada.

En este contexto, Piñera critica a la Nueva Mayoría, aborda el actual momento político de América Latina y saca las lecciones del reciente triunfo de Mauricio Macri en las presidenciales de Argentina.

—¿Qué efecto cree que tendrá la elección de Macri sobre las alianzas regionales como el Mercosur, la Alianza del Pacífico y el ALBA?
—Sin duda que Macri como nuevo presidente de Argentina marcará una diferencia en el actual contexto latinoamericano. En América Latina tenemos dos grandes modelos: los países del ALBA —Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia— y los países de la Alianza del Pacífico —México, Colombia, Perú y Chile—. Son dos visiones del mundo, de la democracia, del desarrollo y de la integración. En el caso de los primeros, ellos tienen democracias entre paréntesis, en que los estados son invasivos, asfixiantes, que concentran el poder y les restan independencia a los demás poderes y tienen muy poco respeto por las libertades.

En cambio, en el segundo bloque tenemos democracias con Estado de derecho, separación de poderes, respeto por las libertades y por las minorías. En el campo económico también son modelos muy distintos. En el ALBA existe un socialismo en que el Estado es el gran protagonista, el hermano mayor que invade todos los campos y asfixia a la sociedad civil. En la Alianza del Pacífico tenemos sociedades de mercado con economías libres e integradas y competitivas. Y lo cierto es que los resultados han sido diametralmente distintos: los primeros van en franca decadencia, los de la Alianza del Pacífico están creciendo, menos de lo que quisiéramos, pero van en el camino correcto. Entremedio están Argentina y Brasil y pienso que el triunfo de Macri acercará a Argentina hacia la democracia y hacia la economía social de mercado.

—Macri anunció que pedirá la aplicación de la cláusula democrática de la OEA en el caso de Venezuela. ¿Si usted fuera el presidente de Chile hoy, haría lo mismo?
—Sí. El tema de Venezuela ha ido evolucionando. Chávez fue elegido democráticamente, Maduro también, con un sistema electoral conocido en forma previa por la oposición. Pero una cosa es ser electo democráticamente y otra cosa es actuar democráticamente. Estoy convencido de que Venezuela va por mal camino y que su democracia está en grave peligro. No hay independencia de los poderes, no hay estado de derecho, no hay debido proceso, no hay respeto por las libertades ni igualdad ante la ley. Ello, sumado al desastre económico, la recesión y el desabastecimiento. De hecho, fue mi gobierno quien impulsó que Unasur asumiera una cláusula democrática que dice que cuando en un país se están violando los principios básicos de la democracia, el resto no puede ni debe permanecer indiferente.

—Algunos líderes de izquierda podrían hablar de intervención…
—En los tiempos modernos hay ciertos principios básicos, como la democracia y el respeto a los derechos humanos, que son universales. Por tanto, no hay un conflicto entre el principio de no intervención y el principio de la defensa de la democracia. Me parece bien el anuncio de Macri y si yo fuese presidente haría lo mismo.

—Pero usted no lo hizo en los cuatro años que fue presidente. ¿Por qué?
—Porque las circunstancias en Venezuela han cambiado. Hoy no es la misma de hace dos años atrás.

—¿Considera que el gobierno de Nicolás Maduro ha sido muy diferente al de Hugo Chávez?
—Hace dos años no había presos políticos de la magnitud de Leopoldo López, Daniel Ceballos y Antonio Ledesma, por dar sólo un ejemplo. Pero sí le puedo decir que cuando fui presidente, en muchas ocasiones —en foros de Unasur, Mercosur y de la OEA— advertí sobre la falta de libertades en Venezuela.

—Se habla de la oportunidad perdida de Latinoamérica: hace cinco años los analistas tenían esperanzas en la región. ¿Qué pasó?
—Ha sido, sin duda, una oportunidad perdida, una nueva decepción, porque América Latina siempre ha tenido todo para ser un continente desarrollado —un territorio generoso, recursos naturales, no hemos tenido las guerras que destruyeron a Europa en el siglo 20 ni conflictos religiosos o étnicos que cruzan a países europeos—, sin embargo en América Latina un tercio de su población vive en la pobreza.

—¿Cuáles serían las razones?
—En los últimos 50 años ningún país latinoamericano ha logrado traspasar la trampa de los países de ingreso medio, porque apenas empezamos a avanzar en la senda correcta, algunos se ponen impacientes, creen que ya llegaron a la meta y quieren vivir como países ricos sin serlos. Otros, empiezan a ceder a los cantos de sirenas del populismo y la demagogia.

—A su juicio, ¿es un problema ideológico?
—La década de los 80 es reconocida como la década perdida. América Latina retrocedió, se estancó. La de los 90 fue la década de la recuperación, volvieron las democracias y se empezó a tomar conciencia en cuáles son los pilares que hay que fortalecer para alcanzar el desarrollo. La primera década de este siglo fue muy buena, logramos crecer, crear empleos y reducir la pobreza; sin embargo, en esta segunda década hemos retrocedido y estamos nuevamente en un proceso de frustración y desencanto. ¿Por qué? Hay algunos que creen que es un designio de Dios, una especia de fatalidad. Están equivocados. América Latina no ha logrado desarrollarse porque no hemos sido capaces de aprovechar las oportunidades. Necesitamos mejores instituciones, un salto copernicano en materia de calidad de educación y compromiso con la ciencia, sociedades más transparentes y un proyecto que nos una para no estar permanentemente enfrascados en la lucha fratricida de los unos contra los otros.

— ¿Cree usted que lo ocurrido en Argentina podría anteceder nuevos triunfos de la centroderecha en la región?
—Por supuesto, porque a mi juicio está tan claro que hay un camino, el de los países del ALBA, que conduce al subdesarrollo. Una vez escuché a Václav Havel cuando era presidente de la República Checa. Le preguntaron si acaso quería tomar la tercera vía que por esos días estaba en boga, y él respondió: “La tercera vía conduce al Tercer Mundo y es desde ahí donde estamos tratando de escapar”.

—¿Si todo está tan claro, entonces por qué a la derecha le cuesta tanto ganar elecciones en América Latina?
—Porque hasta ahora los países han estado muy susceptibles a caer en los cantos de sirena de quienes prometen con irresponsabilidad el paraíso a la vuelta de la esquina, sin esfuerzo, sin sacrificio, sin trabajo, como si fuera un derecho garantizado en las tablas de la ley. Pero hoy estoy viendo un renacimiento en la región. Lo que pasó en Argentina, lo que está pasando en Brasil, en México, Colombia y Perú, es un renacimiento hacia los modelos basados en la democracia de verdad y en economías abiertas y con un fuerte compromiso hacia la justicia social.

LAS LECCIONES DE MACRI

—Hay intelectuales de su sector que lo critican tanto a usted como a Macri, porque dicen que para ganar elecciones sacrifican las ideas de la derecha. ¿Qué responde usted?
—Yo le digo a estos críticos que es mucho más fácil criticar desde las columnas, pero mucho más difícil hacer campañas, ganar elecciones y gobernar un país. Escuché a un ex presidente decir que en América Latina el poder es como el violín: se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha. Yo no creo en eso. Yo creo que como candidato hay que decir lo que uno piensa y plantearle al país las verdaderas disyuntivas que enfrenta.

En el caso de Macri, en un país muy peronista por historia, por cultura y por tradición, él no prometió más de lo mismo, no se asiló en los mensajes del peronismo, sino que convocó a todos los argentinos a un cambio a través de un proyecto de unidad.

—¿Qué consejo le daría a Macri para sus primeros días a partir de la experiencia que tuvo usted en 2010?
—A Macri lo conozco hace mucho tiempo, desde la década de los 90, somos amigos, hemos compartido esa amistad en distintas circunstancias, en el mundo académico, cuando nos encontrábamos en los seminarios; en el mundo del deporte, cuando ambos estábamos ligados al fútbol; en el mundo de la política y las campañas. Incluso, él estuvo conmigo en el Parque Tantauco un verano. Hay muchos aprendizajes.

—¿Qué enseñanza saca usted de  su triunfo?
—La fuerza de la unidad con diversidad y que no se debe pretender imponer todas las ideas y transformar un movimiento político en un regimiento o un convento. La fuerza de intentar siempre sumar y no restar, lo que requiere generosidad, apertura y tolerancia. También el coraje de advertir el mal camino por el que los estaba conduciendo el Frente Para la Victoria y el gobierno (de Cristina Kirchner). Y finalmente un sentido de misión. Uno no llega a la Casa Rosada o a La Moneda porque es un capricho. Uno no sólo debe preguntarse cómo ganar una elección, sino que para qué queremos ganar y gobernar un país.

—En estos días se ha mencionado en Argentina el ejemplo de Chile en 2010 y 2014 como transiciones ordenadas.
—La experiencia chilena puede ser útil para lo que el presidente quiere hacer en Argentina, y espero ir a visitarlo muy pronto y seguir conversaciones que hemos tenido en los últimos meses. A ambos nos tocó reemplazar a coaliciones que llevaban demasiado tiempo en el poder, que se habían acostumbrado al poder, que el poder los tenía mareados, perturbados, era el poder por el poder. Los dos recibimos economías en muy malas condiciones.

SUS PRÓXIMOS PASOS

—¿Cómo se hace para impulsar una nueva coalición política en un momento en que la política está en baja?
—Por esto mismo, porque la valoración de los políticos está por los suelos y porque existe un divorcio entre la política y la ciudadanía. No hay democracia sana con política enferma y es una contradicción tanto aprecio por la democracia y tanto desprecio por la política. De hecho no queremos que esta visión de que todos los políticos son incompetentes, corruptos e ineficientes se transforme en una verdad oficial, porque puede ser una profecía autocumplida.

—¿Cómo así?
—¿Quién querrá pertenecer al club de los políticos si esa es la visión que la ciudadanía tiene de ellos? Sólo aquellos que no tienen ninguna opción. Por lo tanto, es fundamental recuperar el prestigio perdido de la política frente a la ciudadanía.

—¿Y cómo superar el mal momento tras los escándalos judiciales?
—No es fácil, ha habido muchas dificultades, pero el único camino que yo conozco es el camino de la verdad, la transparencia, la probidad.

—¿Cuál es la clave para el éxito de Chile Vamos?
—Tener clara su misión, que hoy es triple: ser una buena oposición, enfrentar los próximos desafíos electorales y, lo más importante, prepararnos para hacer un gobierno para todos los chilenos. Necesitamos volver a poner a Chile en la senda del progreso que hemos perdido. Haciendo una analogía, a mi gobierno le tocó reconstruir Chile de un desastre de la naturaleza; por el camino que vamos, al próximo gobierno le tocará reconstruir Chile de desastres provocados por la Nueva Mayoría.

—¿Qué tendría que pasar para que usted fuera candidato presidencial en 2017?
—No está en mis planes. No es el tema del momento, hoy hay demasiados problemas que enfrentar, demasiadas soluciones que encontrar para estar desviándonos en discusiones bizantinas sobre candidaturas presidenciales, particularmente cuando la presidenta Bachelet todavía no completa la primera mitad de su periodo.

—Pero usted ha sido muy crítico del escenario actual de Chile. ¿Ese análisis no es suficiente para que se decida a competir otra vez?
—Este análisis que hago de Chile me compromete absolutamente con participar, con colaborar, con aportar a las soluciones. ¿Desde qué trinchera, desde qué lugar? No lo sé, ni es hoy lo más importante.

—¿Por qué no quiso volver a militar en RN tras la Presidencia? ¿No se siente cómodo ahí?
—Porque yo fui presidente de todos los chilenos y me tocó encabezar una coalición mucho más amplia que un partido, por lo tanto sentí que, por lealtad con todos esos chilenos y chilenas, y con toda esa coalición que me apoyó en la campaña y en el gobierno, yo debía identificarme con la coalición amplia y con todo el país. No obstante, quiero reconocer mi gratitud con Renovación Nacional, partido en el que milité 20 años.

—Hace dos semanas, su ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, dijo que “si Piñera es candidato, tiene asumido que eso implica participar en una primaria”.
—Muy simple: los partidos tendrán que definir el mecanismo: la primaria, dónde, cómo y cuándo, y los candidatos tendrán que asumir las decisiones de los partidos.

—Usted ha hablado de “enmendar el rumbo” de Chile. Si tuviera que tomar una medida para hacerlo, ¿cuál sería?
—Desgraciadamente son muchas.

APOYO A INSULZA

—¿Cómo afecta el triunfo de Macri en la política exterior chilena, especialmente en el tema con Bolivia?
—Tendrá un efecto positivo en la manera en que Chile se integra con Argentina, y junto con Argentina, tratamos de lograr una mayor integración a nivel de América Latina. Usted sabe que la presidenta Bachelet ha planteado esta idea de acercar la Alianza del Pacífico al Mercosur, y yo creo que va a encontrar un socio receptivo en Macri.

—¿Qué le parece el reemplazo Felipe Bulnes por José Miguel Insulza como agente ante La Haya?
—Yo valoro y aprecio la labor que hizo el ex agente Felipe Bulnes y siempre he creído que cuando se trata de soberanía, integridad territorial e intereses permanentes de Chile, no hay gobierno y oposición, todos tenemos que actuar con unidad y un sentido de Estado. Por eso quiero reconfirmar mi total compromiso a colaborar con la presidenta Bachelet y con el nuevo agente, José Miguel Insulza, en la defensa de los legítimos derechos e intereses de Chile en su conflicto con Bolivia.

—Algunas de las versiones apuntan a que Bulnes se habría molestado por la falta de respaldo desde la oposición tras el fallo por las excepciones preliminares. ¿Usted comparte esa mirada?
—No. El que está en una posición de autoridad y de poder siempre está sujeto a la crítica. Ahora, las críticas más duras tras el fallo de La Haya que rechazó la excepción preliminar, vinieron de la Nueva Mayoría.

—¿Usted, como ex presidente, fue consultado o sugirió la incorporación de José Miguel Insulza?
—No.

—¿Cree que el cambio es una buena o mala señal?
—No conozco las razones de la renuncia de Felipe Bulnes, salvo las que se han dado públicamente, pero valoro y aprecio la gestión que él hizo; pero Insulza, por su experiencia internacional, va a aportar nuevos elementos, por ello, creo que hay que sumar y no restar.

 

Publicado en Revista Qué Pasa.

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