Preguntas al ministro Cárdenas y los gurúes de la economía

Algo muy grave está pasando en la economía colombiana. Es imposible ocultarlo. En junio del año pasado me llegó la noticia, de muy buena fuente, de que Juan Manuel Santos estaba echando mano de las reservas petroleras de Colombia para pagar su circo de La Habana. Consulté esto con varias personalidades del país, pero todos, sin excepción, dijeron que era imposible hacerse de esos recursos. Pero el tiempo confirmó lo que me aseguró la fuente.

El país está quebrado y todos quieren ocultar eso de alguna manera. Las empresas multinacionales están cerrando sus puertas y se largan para otro lado, las empresas nacionales recortan personal, y gremios enteros, como Asocaña, son objeto del atraco flagrante de las FARC que, mediante los buenos oficios de este gobierno y sus superintendencias de bolsillo, le impusieron a los empresarios de la caña una multa impagable que no es sino una mortaja para asegurar la expropiación de ese renglón de la economía para entregarlo a los bandidos de las FARC.

Y ni qué decir del Fondo Nacional del Ganado, un botín apetecido por las FARC y detrás del cual han estado desde hace mucho tiempo, con la ayuda de Juan Camilo Restrepo, otrora candidato de los terroristas para nombrarlo presidente de Colombia.

Y tenemos los tumbados de Isagén y Reficar, que quedarán en los anales de la corrupción de este país.

Así que, como nadie lo ha hecho, me atrevo a hacerle unas preguntas al ministro Cárdenas y a su séquito de economistas aduladores, los gurúes de la economía colombiana:

Primera pregunta. La devaluación del peso ha sido de cerca del 80% en el último año. El déficit en la cuenta corriente es de más de diez mil millones de dólares, mientras que el déficit fiscal estará en el orden de 27 billones de pesos.

¿Qué significan estas cifras anteriores en el ingreso real de los colombianos y en el empleo?

Segunda pregunta. La apertura comercial expresada en los TLC negociados por Colombia han dejado un déficit comercial gigantesco. Estos tratados lesivos para Colombia han colocado la industria manufacturera (con la excepción de los bienes no transables) en una situación de desventaja tal que se refleja en su falta de crecimiento. Colombia quedó imposibilitada para competir en nada.

El resultado es que tenemos un sector agropecuario, en especial los pequeños campesinos empobrecidos, que no tiene infraestructura, que carece de vías, que ven con horror cómo crece y crece el costo de los insumos (disparado geométricamente con la devaluación del peso). Pequeños y numerosos empresarios del campo que son atacados con con toda suerte de barreras no arancelarias en los países con los que se ha firmado los TLC, compitiendo contra subsidios gigantescos entregados a los productores de esos países desarrollados.

Hay quienes afirman, con toda la razón, que le va mejor a una vaca en Europa que a un campesino en Colombia.

¿Cómo se traduce esta situación descrita, en la creación de empleo y en el bienestar de los colombianos?

Tercera pregunta. Se supone que tenemos un Banco de la República cuyo encargo constitucional es únicamente el control de la inflación. Tenemos también un sistema financiero con características de una economía extractiva que se traduce en un margen de intermediación de los más altos del mundo con tasas de interés imposibles, que son tres veces más altas que las de los países desarrollados. Y ni qué agregar sobre el exagerado régimen tributario con el que se castiga a todos los que desean hacer empresa. Un régimen tributario que este gobierno ya ha decidido incrementar.

¿Podría explicarnos, señor Ministro Cárdenas y amigos gurúes de la economía, cómo bajo estas circunstancias puede un empresario lanzarse a un emprendimiento y ser competitivo en el entorno del libre comercio mundial, y cómo se traduce esta realidad enla creación de empleo en Colombia?

Cuarta pregunta. Tenemos un sistema judicial corrupto. Incluyendo a las Altas Cortes y la Fiscalia General de la Nación, el sistema sufre un desprestigio total que se aumenta día a día por la corrupción imperante y la politización de la justicia.

Tenemos también un congreso profundamente nauseabundo cuyo único objetivo pareciera mantener a toda costa el poder político para el enriquecimiento de sus miembros y sus amigos, dilapidando los recursos de los colombianos y sirviendo a los intereses personales del gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, que pretenden mantener el régimen aumentando los impuestos, subiendo el IVA, sin que les interese que la población se empobrece de manera acelerada.

Nuestro régimen político regional de gamonales solamente tiene la meta de controlar el sistema de contratación para agradar a sus amigos y pagar a sus compinches.

Además, tenemos al Ejecutivo, el gobierno, que no duda el tildar a sus opositores o contradictores que ejercen su posición dentro del marco de la ley y la libertad constitucional, con los más denigrantes epítetos y adjetivos, mientras a los delincuentes se les ofrece prebendas y ventajas incluyendo profundos y radicales cambios del régimen legal y constitucional.

Este es un gobierno que castiga a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas encargadas de la defensa del Estado de Derecho mientras a sus verdugos les garantiza la impunidad.

Este es un gobierno que aumenta el salario mínimo de colombianos honestos y trabajadores en apenas 13 dólares, para dejarlo en miserables 204 dólares mensuales, mientras que a los terroristas les promete auxilios mínimos mensuales de cerca de 550 dólares por no hacer absolutamente nada, y más de 3.500 dólares mensuales a cabecillas para tampoco hacer nada.

¿Cómo, señor ministro y gurúes de la economía,  puede un empresario acometer una inversión con un grado razonable de seguridad en un entorno legal y político como el descrito?

Quinta pregunta: ¿Cómo es posible, señor Ministro y gurúes de la economía, que los trabajadores estén incentivados si al mismo tiempo que se les castiga por ser honestos y sacrificados, se premia al asesino, secuestrador y delincuente?

Sexta pregunta. En su condición de forjador del modelo económico imperante ¿Qué modificaciones sugeriría en cada uno de los aspectos esbozados para que Colombia retome la senda del crecimiento, para que se genere el empleo que tanto requiere el país donde existe un desempleo abierto de más del 13% y un desempleo camuflado o informal superior al 35%.?

Solamente son estas seis preguntas para usted, señor Ministro Cárdenas, y sus gurúes de la economía aduladores. Y no, no se preocupe que no le preguntaremos sobre la cuantía de las comisiones por la venta-regalo de Isagén.

Sabemos que Colombia está en plena capacidad de generar suficiente riqueza para garantizar óptimas condiciones de vida para todos los ciudadanos. Pero también sabemos que la clase política, donde están incluidos el señor Ministro Cárdenas y sus gurúes de la economía aduladores, se han lucrado impúdicamente (para no usar el feo y grotesco término “robar”) condenando a la nación al atraso, a la pobreza y a la ignorancia.

Las locomotoras de la prosperidad que prometió Juan Manuel Santos para tapar la porquería de su traición a Álvaro Uribe y al 90% de los colombianos, no existen más que en su mente. En cambio, tenemos una caravana de cuatreros que están desocupando las arcas del país, vendiendo a precio de huevo sus activos más preciados, blanqueando el dinero de los narcoterroristas de las FARC, y usando las instituciones oficiales como lugares para el tráfico de sexo.

Dudo que el ministro Cárdenas y sus gurúes de la economía aduladores nos respondan estas preguntas. Pero esperamos que no nos responda con “¡Es la economía, estúpidos!

Sería trágico.

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