El rejunte parasitario

Fue bajo la demagógica consigna que invitaba a ir a “La Plaza de los Artistas”, que toda la servil comparsa de vividores que durante el gobierno más corrupto de la historia argentina gozaron de grandilocuentes estipendios a cambio de una vergonzosa sumisión, que parte de esta volvió al ruedo convocando a un festival en Parque Saavedra (CABA), cuyo éxito y estructura no fue el de otrora: ya no tuvieron al generoso régimen que les proveía de propaganda, parafernalia, honorarios y micros cargados de militantes subsidiados.

En este empobrecido contexto, alicaídos personajes de la farándula como Fernán Mirás, Gustavo Garzón, Gastón Pauls, Nancy Dupláa, Gerardo Romano, Pablo Echarri y el inefable Fito Páez (que fungió como estrella del evento), convocaron “al pueblo” en defensa de la “Alegría, el Trabajo y la Libertad”, valores que curiosamente jamás representaron al kirchnerismo: la alegría fue permutada por el odio militante, el trabajo fue cambiado por el humillante plan social y la libertad fue cercenada como nunca en la historia democrática reciente.

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Gerardo Romano: al envejecer se le acabó “la facha”, que era el único talento que tenía. Al no poder hacer más de reventadito transgresor, no le quedó otra que “trabajar” de alcahuete para el Estado kirchnerista.

A la comparsa antedicha hay que sumarle la presencia de políticos y figurones que, nostálgicos de un próspero pasado personal, también se hicieron presentes para conmemorar y reivindicar los vergonzosos años del latrocinio kirchnerista: las cantantes Teresa Parodi y Marilina Ross; las actrices Graciela Dufau y Luisa Kuliok; el periodista Carlos Polimeni y el tanguero militante Guillermo Fernández, fueron algunos de los refunfuñadores que acudieron a rememorar los tiempos de la plata fácil a costa de los demás. También se dieron cita los ex funcionarios Carlos Tomada, Axel Kisciloff, Carlos Zanini y Martín Sabatella, todos coprotagonistas de lujo durante el latrocinio nacional y popular que padeció nuestro desdichado país durante 12 interminables años.

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Algunas de las caras de la “alegría” que pudieron verse en el nostálgico carnaval kirchnerista.

Uno de los voceros más preponderantes del amontonamiento progresista, el galán venido a menos Pablo Etcharri, públicamente sostuvo: “Somos un grupo de artistas cada vez más nutrido que participó de un encuentro de alegría, trabajo y libertad. Las actitudes del Gobierno se están poniendo en tela de juicio” y añadió “Es un espacio de pensamiento a través del arte, la canción, la poesía. Lo más importante que ganamos los argentinos en los últimos años es poder expresarnos libremente, sin miedo. Estamos militando por eso, poder decir lo que sentimos y decir qué clase de país queremos” sentenció el pensador, a quien cabría decirle que el país que él y sus secuaces quieren ya fue rechazado por “el pueblo” en las recientes elecciones de fines del año pasado.

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Etcharri desesperado: como actor es un galancito y como “ideólogo popular”, también es un galancito. Pero los años pasan, los galanes se renuevan y a Etcharri se le acortan las perspectivas del “curro”.

Tal como había sido anticipado, el juglar Fito Páez (que hasta el año pasado cobraba dos millones de pesos del Estado por cantar las mismas melodías simplonas de siempre en cada recital proselitista), cerró la noche con su profundo hit “Mariposa Tecnicolor”, en esta ocasión secundado por una coreografía acorde con su calidad artística: la murga villera “Los Auténticos Reyes del Ritmo” subieron al escenario a desplegar su tribalismo corporal, al compás del millonario Páez y del resto de las “personalidades de la cultura” que se aunaron para recordar los años dorados en los cuales ganaban mucho más de lo que su talento les permitía.

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Fito Páez y su murga. Sobrados motivos tiene el juglar progresista para sentir afecto por el kirchnerismo: cobraba dos millones de pesos por cantar las mismas huevadas de siempre.

Como nota de color, llamó mucho la atención la ausencia del payador más representativo de la era kirchnerista, nos referimos a Ignacio Copani. Pero claro, ocurre que en esta ocasión los cantantes, ya sin el Estado que los financie ni gente dispuesta a pagar una entrada por ellos, no tuvieron más remedio que actuar ad honorem, idea que al parecer a Copani no le copó.

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