ESTADOS DES-UNIDOS DE AMÉRICA

El 1 de enero de 2001 el mundo entró oficialmente en el siglo XXI. Pero el nuevo siglo no se parece en nada a lo que cabía esperar a fines del anterior. Como suele ocurrir, los “futurólogos” vieron frustradas sus predicciones, otra vez.
La década de los años ’90 pareció marcar el fin del comunismo, y quizá “el fin de la historia”, con el derribo del Muro de Berlín en 1989, y el colapso de la Unión Soviética y las tiranías rojas en Europa Oriental, en los tres años siguientes. En América Latina y buena parte del mundo, tuvimos la mal llamada “Ola Neo-liberal”, el Consenso de Washington, que pareció terminaría con el estatismo, el populismo y el socialismo, y nos abriría la puerta al libre mercado y a la prosperidad, sin los ominosos ciclos económicos signados por etapas inflacionarias de auge ficticio, seguidas por fases recesivas de crisis agudas, desempleo y vuelta a la pobreza.

Pero la historia no se terminó, pese al señor Francis Fukuyama y a los lectores de su famoso libro “El fin de la Historia y el último hombre”, 1992, que saludó la “victoria final y definitiva” de la democracia y del liberalismo. El problema es que el comunismo tampoco se terminó.

Hoy estamos a 15 años adentro del nuevo siglo. El comunismo ha experimentado una mutación notable, y se ha reforzado con el “marxismo cultural” de Gramsci y la Escuela de Frankfurt, aunque sin abandonar, al menos por completo, el marxismo clásico o económico, ese de los “10 Puntos” del Manifiesto Comunista del año 1848. En América latina, varios Presidentes ligados al Foro de Sao Paulo, aplican a rajatabla el neo-comunismo. Lo mismo en Europa y en buena parte del mundo: hay un Presidente comunista en la Casa Blanca; y un Papa comunista en el Vaticano. ¿Quién lo habría pensado?

Para colmo, no se ven fuerzas ideológicas y políticas de signo opuesto, con potencia suficiente para cambiar el curso de esta nueva Marea Roja. En el orden político por ej., hay líderes “opositores” muy débiles y flojos, tratando de parecerse a la izquierda. Está claro en países ya muy deteriorados por el socialismo, como Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay y Venezuela. Entrampados en los viejos prejuicios mercantilistas, “progresistas” y socialistas, estos “opositores” son incapaces de zafarse del asfixiante clima ideológico hegemónico.
El mal arrecia, y no se ve salida. Por eso la “secesión” se mira como único escape posible. Ahora precisamente, del 5 al 19 de octubre de 2015, hubo en el Vaticano el “Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia”, uno de los mayores eventos del pontificado de Francisco, reconocido adepto a la “Teología (marxista) de la Liberación”, promovida activamente por los jesuitas desde hace unos 50 años. En el Sínodo hubo fuerte choque entre “progresistas” versus conservadores y tradicionalistas.

Se percibe cercana la posibilidad de un “cisma” en el catolicismo romano, como ya pasó con la separación de los “Católicos Viejos” cuando el I Concilio Vaticano en 1870, y cien años después con los seguidores de Monseñor Lefebvre. Y como pasó ahora, en este siglo XXI, en las tres más grandes Iglesias protestantes: anglicana, luterana y presbiteriana, cada una dividida en dos y o tres “sínodos” o comuniones diferentes y encontradas.

La “secesión” también se percibe como el único escape posible en EE.UU., desde que Obama y sus más extremos socialistas del Partido Demócrata ganaron la Presidencia. En estos días, en la carrera por la candidatura presidencial en ese partido, ganan terreno a los más radicales, tras Hillary Clinton y Bernie Sanders. En el lado republicano hay gente que sabe la verdad y conoce bien la salida, pero evita definirse, por el peso del “pensamiento único” que por cierto predomina: el de izquierda.

En Canadá, Justin Trudeau es el nuevo Premier: un socialista Posmoderno, del siglo XXI, hijo de un socialista “moderno” del siglo XX, cambio típico de la mutación marxista. ¿Y por qué el retorno de la izquierda? Por los miedosos “conservadores”, que en 10 años de gobierno, no hicieron ni una reforma de fondo para salir del Estado Gigante, alimentado con impuestos confiscatorios, inflación apenas reprimida, y endeudamiento galopante. Tras el fracaso de la derecha mala y los “indefinidos”, la izquierda regresa: Uruguay en 2004, Bolivia en 2005, Nicaragua en 2006, Ecuador en 2007, EE.UU. en 2008, Chile en 2013.

Y en Canadá, la “secesión” de las provincias más conservadoras también es percibida como escape.
“Estados Des-Unidos de América” es el título del libro que recomiendo ampliamente, para entender lo que pasa en la palpitante actualidad del orbe. En especial a mis amigos enrolados o interesados en el Proyecto de las Cinco Reformas y “La Gran Devolución”, la causa del Liberalismo Clásico. Escrito y publicado por mi amigo el periodista venezolano Julio Camino, en este mismo 2015, el subtítulo es: “Entre el secesionismo y el Gobierno Mundial”. Hay dos ediciones, en inglés y español; ambas se compran en “Amazon” por Internet.

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