Los argentinos trabajan de enero a mayo para pagar el funcionamiento del Estado

Más de uno de cada tres pesos que producen los argentinos se destinan a pagar el funcionamiento del Estado, es decir del gasto público (2013). De estos números se deduce que trabajamos 129 días (de los 365 que tiene un año) para mantener el funcionamiento del Estado. Dicho de otro modo, trabajamos desde el 1ero de enero al 9 de mayo para que el sector público argentino funcione.

 

En el año 2013, el gasto público representó un 35,41% del producto bruto interno del país. Pero esto no siempre fue así, sino que la presión impositiva se fue incrementando dramáticamente en poco más de una década. Así vemos que en el año 2003, el gasto público representaba tan sólo un 20,58% del PBI, incrementándose 15 puntos en la siguiente década. En aquel momento, los argentinos debían trabajar 73 días para financiar el gasto público, es decir que trabajaban desde el 1ero de enero hasta el 11 de marzo para solventar el gasto público. En síntesis, entre el 2003 y el 2013, el gasto público con relación al PBI se incrementó en 15%, es decir que estuvo cerca de duplicarse.

 

Estado elefantiásico

Estos simples datos muestran con claridad el enorme crecimiento del Estado en la Argentina en el período 2003-2013, así como la presión tributaria y la consecuente asfixia que esto genera sobre el sector privado. Inflación y recesión (dos de los tres temas que más preocupan a los argentinos, según Management & Fit) son clara consecuencia de esta situación.

 

Incremento del gasto público en la Argentina: del 20% (2003) al 35% (2013)
Año Gasto público como porcentaje del PBI
2003 20,58%
2004 20,82%
2005 21,98%
2006 22,35%
2007 24,62%
2008 26,09%
2009 29,43%
2010 29,58%
2011 31,70%
2012 33,85%
2013 35,41%
Fuente: DatosMacro.com

 

Es inocultable el incremento elefantiásico del tamaño del Estado, pero también debemos preguntarnos si este crecimiento del gasto público ha representado una mejora proporcional en las funciones que se esperarían del Estado. ¿Tenemos más seguridad? ¿Mejor salud? ¿Mejores jubilaciones? ¿Menos pobreza?

 

Diversos pensadores analizaron el por qué de esta tendencia de incremento del gasto público. Quizás Milton Friedman fue uno de los más claros al decir que nadie gasta con tanto cuidado el dinero ajeno como el propio (en su artículo “No existe tal cosa como un almuerzo gratis”). Otros autores también lo explican por el lado de que es muy fácil hacer caridad con el dinero de otros. En este sentido, José Ignacio García Hamilton se refirió a Eva Perón como “la dama buena que regala lo ajeno”, en referencia a que la verdadera caridad debe hacerse con recursos de nuestros bolsillo (y no del de otros). El economista James Buchanan advirtió sobre esta tendencia creciente de incremento del gasto público en el mundo, por lo que propuso establecer un límite constitucional al gasto público y al endeudamiento.

 

Escuchamos que en Argentina hay menos pobres. Pero si vemos la cantidad de planes sociales que –dependiendo de las distintas mediciones- cubren a 1 de cada 4 o 2 de cada 4 argentinos, también podríamos observar que el mismo oficialismo contradice sus palabras con su actuar. Los índices del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina también muestran una pobreza que se perpetúa, y a veces crece, a pesar del supuesto crecimiento económico.

 

El resultado del incremento del gasto público es la asfixia de los sectores productivos que –en algunos casos- deben enfrentarse a la decisión de cerrar su negocio, debido a que la inflación ha matado su rentabilidad, o de operar en la informalidad. Diversos estudios –incluso del INDEC- señalan un incremento de la “economía en negro”. Uno de los datos que confirma esta situación es que uno de cada tres empleados lo hacen en negro.

 

En momentos pre-electorales es importante hablar de un tema muchas veces ignorado, hasta que sus consecuencias de manifiestan a través de explosiones económicas o graves recesiones o estanflaciones de las cuales siempre se culpa a un fantasmal enemigo externo o “golpe de mercado”. Es hora de que los argentinos nos hagamos cargo de las consecuencias de nuestros actos, dejemos de echar culpas, realicemos un diagnóstico realista y tomemos las medidas necesarias para aprovechar las oportunidades que brinda la economía global a nuestro país.

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