EL MITO DE LA “COMIDA BARATA”

Desde hace 100 años, los Gobiernos de casi todo el mundo han estado aplicando las diez peores y más destructivas ideas políticas de todos los tiempos: los 10 puntos del Manifiesto Comunista de 1848.
El primer punto es la “Reforma Agraria”, un mito que destruyó la agricultura y condenó a millones de gentes a perecer en masivas hambrunas en países como Rusia y China, sin contar cientos de miles de agricultores y campesinos fusilados sin piedad por vender una gallina o robar un pan.
En América latina, Asia y África, “las reformas agrarias entre los años ’60 y ‘80 deben considerarse unos fracasos”. ¿Quién lo dice? Sus mismos ejecutores, en un informe de la FAO, en español y en su WebSite, titulado “Política de desarrollo agrícola”.
De modo raramente franco y directo, la parte 5.7 describe estas pésimas “Experiencias de reforma agraria”, con excelente y abundante documentación. Lo único bueno pasó en países donde los propios campesinos pudieron revender las tierras a sus antiguos y legítimos propietarios, y así el daño se pudo reparar. Y cosa más rara, este texto oficial de la FAO no hace lo que hacen todos los marxistas: echarle la culpa a otros, y decir que “la reforma agraria no se hizo de verdad, y por eso el tema sigue pendiente y la lucha continúa…”
Los 10 puntos aquellos son políticas corrientes y en curso desde hace ya demasiado tiempo, por eso ya casi en parte alguna existe el capitalismo. Por eso la inmensa mayoría es pobre; incluso millones sufre desnutrición crónica, según la misma FAO en su “Mapa del Hambre en el mundo”, incluido cada año en su reporte sobre “El estado de la inseguridad alimentaria”.
Pero el arsenal de malas ideas es inagotable, y asimismo la voluntad de los Gobiernos para insistir. A estos malvados no se les ocurre simplemente legitimar el capitalismo y dejar que la gente libremente siembre, cultive, coseche, venda y compre alimentos a voluntad. Para “resolver” problemas y calamidades causadas por las ideas marxistas, siempre tienen otras ideas y “soluciones” igualmente marxistas; así fue como al mito de la “reforma agraria” le siguió el de la “comida barata”.
En los países ricos es por vías diferentes a como lo hacen en los países pobres.
(1) Los países ricos son ricos porque gozaron de unos cien años consecutivos de capitalismo más o menos liberal, desde 1815 hasta 1914 más o menos. ¿Qué hicieron y hacen con el campo sus Gobiernos bajo el socialismo posterior? Subsidian a los agricultores. En países ricos las izquierdas hacen sus desastres con impunidad, dando a los ignorantes la ilusión de que “el socialismo funciona bien en Suecia…” ¡No! Lo que hacen es obligar a los contribuyentes a subsidiar mediante sus impuestos a los agricultores.
(2) Y en los países pobres no son los contribuyentes sino los agricultores obligados a subsidiarnos a los consumidores. No con impuestos, sino con precios artificialmente bajos, deprimidos desde arriba, que son aplastados por leyes y decretos, para ajustarse de tal modo a nuestro muy limitado poder de compra. Aún así, la alimentación se lleva la mayor parte de los ingresos en las familias de la clase popular.
Así el estatismo entre nosotros ha hecho de la agricultura una actividad de baja rentabilidad, casi anti-económica, que subsiste con el sacrificio de los agricultores, criadores y ganaderos. Es el sacrificio del campo en aras de la ciudad. En tales condiciones ¿Quién va a invertir en el campo? ¿Quién va a sembrar?
Para que una empresa productiva sea “económica” debe tener suficiente “rentabilidad”, que es la relación entre los gastos e inversiones y los ingresos producidos, o márgenes de beneficios. La “ganancia” es la utilidad neta, descontados de los ingresos las sumas necesarias para que el negocio siga en marcha.
Con otras palabras tal vez, lo sabe cualquier tendero; pero los marxistas como el Papa Francisco siguen empecinados en la falsa y mil veces refutada teoría de que “la explotación” es la base del capitalismo; ¡y a todos nos hacen pagar cruelmente las consecuencias de su empecinamiento!
Así las labores rurales se hacen poco atractivas. Los jóvenes del campo emigran a las ciudades. Por esa y otras razones análogas, nuestros países son pobres. Y subdesarrollados.
¿Cuál es la solución? Simple. Nuestras “Cinco Reformas” no van a poder eliminar los impuestos que los Gobiernos de Europa y EE.UU. decretan a los contribuyentes en sus países. Pero en cada uno de nuestros países, (1) a los agricultores les van a rebajar los impuestos, y en general los altos costos artificialmente inflados por el estatismo; y (2) a los consumidores les van a incrementar sus ingresos y en general su poder adquisitivo, para que todos podamos pagar precios reales, remuneratorios y atractivos para los productores del campo.
Milton Friedman dijo “¡No hay almuerzo gratis!” Y nosotros “¡No hay comida barata!” ¿Se entiende?

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