Enroque político: el juego de ajedrez de los mentirosos y corruptos

L​os gobiernos corruptos que sólo ​persiguen la construcción ​de ​un régimen autoritario pero​ que​ todavía no puede​​ violar directamente la Constitución ​o​ las leyes​,​ por la presencia de la actividad civil​,​ o ​de ​una fuerte oposición, o por razones de política exterior​;​​ ​ tienen un fenómeno muy común ​que es el de​ “transmitirse”​. Del presidente​ ​saliente al ​entrante.

En Rusia se le llamó​ “enroque” cuando Putin dejó​ el cargo​ para ​entregárselo​ a Dmitry Medvedev. La tarea de Medvedev era “proteger” la presidencia para luego devolvérsela a Putin. Procesos similares ocurren con frecuencia en América Latina y América Central – por ejemplo, en Guatemala, el ex presidente Álvaro Colom, a menudo llamado el más desafortunado en la historia del país, intentó realizar un enroque fraudulento para que su esposa, Sandra Torres, sea la presidente. En Guatemala, los parientes cercanos del presidente no pueden postularse para el puesto, por lo cual Álvaro Colom se divorció de Sandra Torres. En la Argentina, Néstor Kirchner entregó el cargo a su esposa, Cristina, y ahora ella está tratando de pasárselo a su adherente, Scioli.

Sin embargo, hay un problema. Todo presidente o jefe del gobierno acumula una gran cantidad de errores que esconde durante su mandato para evitar que baje su calificación. Esto es especialmente cierto en los presidentes y gobiernos que crean estados corruptos y de sistema cerrado. Si el presidente “antiguo” acumuló errores, va a querer transferirle el caso a su sucesor, quien va a seguir construyendo un sistema autoritario pero que va, de alguna manera, a ocultar dichos errores; porque durante el primer año de su presidencia, el nuevo presidente no va querer a enfrentarse con un “legado” de su “aliado de la corrupción”. Un bonus del “viejo” presidente para con el “nuevo” (su aliado).

Por lo general, este problema se resuelve de este modo. El presidente saliente, uno o dos meses antes del cambio de gobierno, sanciona una serie de leyes impopulares, que ayudarán a que su sucesor siga fortaleciendo la verticalidad de la corrupción (lo cual significa un “hachazo” en la economía). Por ejemplo, en Rusia, Medvedev, antes de transferirle la presidencia nuevamente a Putin, sancionó una serie de leyes impopulares. Una de ellas fue el aumento del período presidencial de 4 a 6 años. De esa forma se aseguró de que Putin va a estar 12 años en el poder.

En Argentina, estamos viendo una situación similar. Cristina Kirchner permite un aumento drástico del papel de los servicios de seguridad para que Scioli pueda continuar con éxito la construcción de un estado autoritario. Pero el culpable no es Scioli, él no es el reforzador de los servicios de seguridad y del aparato de inteligencia interna. Como resultado su calificación no se verá afectada y ése será su as en la manga. Cuando la economía argentina colapse a causa de las políticas equivocadas del presidente y del gobierno, el presidente buscará la ayuda de los todopoderosos servicios de inteligencia para alienar y reprimir a la oposición.

Publicado en Visión Independiente

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