LA MUERTE DE UN FISCAL

por Kitty Sanders

Enrique Horacio Santanna

Natalio Alberto Nisman, nació un 5 de diciembre de 1963, en el seno de una familia de clase media alta de origen judío. Su madre se llama Sara Garfunkel, quien será una involuntaria protagonista en las últimas horas de su hijo. Su padre. Isaac Adolfo Nisman, nació en 1936 y era un empresario textil.

Se conoce muy poco sobre la niñez y adolescencia de quien sería el Fiscal en la investigación de la voladura de la Asociación Mutual Israelita Argentina, conocida por sus siglas, A.M.I.A.

Fue un estudiante brillante en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, rindió la mitad de las materias en forma “libre” (es decir, estudiándolas por su cuenta), y se recibió con un alto promedio, un ocho.

Alberto Nisman (como le gustaba que le llamaran, evitando el Natalio), inició su carrera judicial desde lo más bajo, aunque tuvo una carrera ascendente en forma bastante rápida. El Fiscal, nunca quiso ejercer su carrera como abogado, desde algún despacho privado o integrando algún Estudio Jurídico. Le parecía aburrido, él siempre sintió que la verdadera adrenalina está en los despachos del Poder Judicial. Comenzó como meritorio (el grado menor, generalmente no rentado), en el Departamento Judicial de Morón, esto es en la Provincia de Buenos Aires. Su primera actuación relevante a nivel judicial, y que tuvo repercusiones políticas, se da recién en 1989. En ese año, el denominado “Movimiento Todos por la Patria” (M.P.T.), una agrupación clandestina guerrillera, atacó un Regimiento del Ejército Argentino, en la sede de La Tablada. Es la primer vez que Alberto Nisman es mencionado en algunos periódicos, ya que dos detenidos del grupo atacante, habrían sido objetos de torturas para extraer información y que luego fueron asesinados pese a que al momento de su detención, estaban vivos e indefensos. En esa época Alberto Nisman archivo la causa entendiendo que no había elementos suficientes que comprobaran la existencia de esos delitos. Solo años después, un sargento retirado del Ejército Argentino, reconocería que efectivamente las torturas y asesinatos consecuentes habían sido cometidos.

Tiempo después, el terrorismo atacaría dos veces: en el año 1992 el mundo se conmueve por el estallido de la Embajada de Israel en Buenos Aires, con varios muertos y heridos. En 1994, el segundo ataque se produce en pleno centro de la ciudad, cuando el edificio de la A.M.I.A. se derrumba, también con muchos muertos y heridos. Ambos casos tienen una diferencia crucial: la embajada, es considerado territorio israelí, mientras que la A.M.I.A. es una asociación civil, compuesta por civiles, edificio adonde no solo concurrían judíos, sino también argentinos que no poseen dicha nacionalidad o confesionalidad. Es por ello, que el ataque a la Embajada de Israel fue investigado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación – máximo órgano del Poder Judicial en el país -, mientras que el segundo atentado recayó en un Juzgado Federal.

En atención a la brevedad, y dado que aquí solo manifiesto un resumen de lo que será el libro “Nemtsov – Nisman: La Democracia Fusilada”, cabe referir que en el caso de la A.M.I.A., desde un primer momento se siguieron dos pistas, que fueron denominadas “la pista iraní” y la “pista siria”. En ambos casos, se sospecha que la mano ejecutora fue argentina (Policía Federal o Policía de la Provincia de Buenos Aires), y que las órdenes como así también la autoría intelectual se encontraba en la República Islámica de Irán, que fue la pista elegida por Alberto Nisman, que atribuyó a Hezbollá (nominalmente significa el Partido de Dios).

Cabe hacer una referencia: la primera investigación sobre la A.M.I.A. entendía que el atentado se habría producido por el estallido de una camioneta que habría ingresado con un conductor suicida, penetrando en la puerta de acceso y haciendo estallar explosivos. La investigación llevó hasta una persona llamada Carlos Telleldín, quién habría facilitado en apariencia, el vehículo acondicionado conjuntamente con la Policía de la Provincia de Buenos Aires, para que se pudiera detonar la carga explosiva. Con el tiempo, se descubrió que Telleldín, había cobrado la suma de cuatroscientos mil dólares para inculpar a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Dado que el Juez de la causa como así también los fiscales que integraban la fiscalía (Eamon Mullen y José Barbaccia), estaban al tanto de dicha maniobra, se declaró la nulidad de todo el juicio, debiéndose empezar una nueva investigación. Es así, cuando el tercer fiscal, que en ese momento desempeñaba funciones menores, aparece en escena. Surge la figura de Natalio Alberto Nisman, quién fue recomendado directamente por el entonces Presidente Néstor Kirchner, y que luego fuera confirmado, a la muerte de éste, por Cristina Fernández de Kirchner, para que llevara adelante la investigación, entre otros funcionarios. En el año 2008, al ex – presidente Carlos Saúl Menem (de origen sirio libanés), le fue pedida su detención por haber encubierto la investigación por el atentado a la A.M.I.A., siendo Alberto Nisman quién llevó a cavo dicha tarea.

Debo indicar, que en rigor de verdad, la segunda teoría sobre el modus operandi del atentado, se atribuye – en atención a la nulidad del primer juicio -, a la Policía Federal Argentina. Al parecer, dos volquetes (son contenedores abiertos donde generalmente se vuelcan escombros cuando se demuele un edificio o se le realizan refacciones), fueron cargados con explosivos, uno al costado del edificio, y el segundo en la puerta de acceso. La denotación al unísono de ambos volquetes, impactaron con su onda expansiva haciendo que los techos se derrumbaran y muchas personas murieran aplastadas,

Desde un primer momento, Alberto Nisman siguió la denominada “pista iraní”, y en consecuencia, sostuvo que el atentado fue cometido por el movimiento islámico libanés con el apoyo estratégico de la República Islámica de Irán. En apariencia, la voladura del edificio fue efectuada en represalia, por el secuestro de Mousthapa Dirani en el Líbano. Fueron señalados como sospechosos Moshen Rabbani, Barat Alí Balesh, Ali Fallahijan, Alí Akbar Parvaresh y Hadi Soleimampur.

Para ello se dio aviso a Interpol, con el objeto que los mencionados, apenas pisaran cualquier país extranjero fueran detenidos, y extraditados a la Justicia argentina, lo que hasta el día de hoy no ha tenido éxito.

Por tal motivo, Alberto Nisman fue amenazado con la “fatwa”, que obliga a cualquier musulmán con posibilidades de acceder a la persona que se indica, para que le de muerte.

En el año 2011, el periodista José “Pepe” Eliaschev, conmueve al país al denunciar que el entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Alí Akhbar Salehi, le aseguró al entonces Presidente Majmud Ahmadineyad, que la República Argentina no estaba más interesada en esclarecer el atentado, en atención a que este país, estaba más interesado en establecer relaciones comerciales Este periodista – hoy fallecido luego de una enfermedad -, fue calumniado, aunque sin embargo, por su deceso, el periodista no llegó a ver que su denuncia había sido real. En el año 2013, la República Argentina y la República Islámica de Irán, celebran un “Memorándum de Entendimiento”, cuyos términos son verdaderamente insólitos. Aclaro al lector una cuestión de técnica jurídica. En Argentina, los procesos a personas sospechadas de haber cometido un delito, no pueden ser juzgadas sin ser escuchadas en forma personal, esto es, queda prohibido proseguir un juicio en ausencia. Dado que los iraníes se negaban a declarar en territorio argentino, dicho Memorándum establecía básicamente que un Juez y un Fiscal, podrían formular preguntas a las personas involucradas. Que no es lo mismo que escucharlas en juicio. Asimismo, establecían mecanismos aparentemente sencillos para garantizar los derechos de las partes, pero que en el fondo eran impracticables por el modo en que estaba redactado el Memorándum. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, aprovechándose que tenía mayorías en el Poder Legislativo (Cámara de Diputados y Cámara de Senadores) se apresuraron a aprobarlo, pese que a que ello contraviene los términos de nuestra Constitución Nacional, dado que la competencia sobre temas judiciales solo pueden recaer en el Poder Judicial, no en el Legislativo y mucho menos en el Poder Ejecutivo en cabeza de la Presidente.

A raíz de este Memorándum, desde el año 2013 y hasta el mes de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, entendió que la entonces Presidente Cristina Fernández de Kirchner, el Ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timmerman, y otros referentes de su partido aunque en algunos casos sin funciones expresas, habían encubierto y entorpecido la investigación del atentado, en complicidad con la República Islámica de Irán, quien nunca aprobó formalmente los términos de ese Convenio. Estas relaciones comerciales que había denunciado José Eliaschev giraban sobre dos cuestiones básicas: energía nuclear y cereales. En la primera, dado que Irán tenía bloquedada toda cuestión a nivel internacional en materia de energía nuclear, se trianguló a través de Venezuela, en aquél entonces el socialista Presidente Hugo César Chavez, muy afín al régimen iraní y proclamado amigo de Majmud Ahmadineyad. Asimismo, la venta de cereales se haría en forma directa entre ambos países, todo ello a través de una “diplomacia informal”.

Alberto Nisman investigó esta cuestión, y a mediados de enero de 2015, denuncia en un programa de televisión (TN Noticias), que presentaría una acusación formal a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, al Ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timmerman, y a otras personas vinculadas, por encubrimiento. Con motivo de tal revuelo, el Poder Legislativo convoca al mencionado Fiscal, para que declara cuáles eran las pruebas qué tenía para hacer semejante acusación, citándolo para el día 19 de enero de 2015.

El domingo 18 de enero de 2015, el Fiscal se encontraba trabajando sobre el tema en su departamento sito en el barrio más caro de Buenos Aires. Había quedado con su custodia, que a las 11 de la mañana el Fiscal iba a salir para encontrarse con su secretaria, para tener lista la presentación. Se sabe que existen miles de horas de escuchas telefónicas realizadas por el entonces Servicio de Inteligencia del Estado – S.I.D.E. – y mucha documentación en su poder. El Fiscal era muy conocido por su absoluta puntualidad. Sin embargo, el Fiscal nunca salió de su departamento. Durante aproximadamente once a doce horas, la custodia se preocupó por esta conducta, pero insólitamente nunca entró al departamento. Fue a buscar a su madre Sara Garfunkel para que llevara la llave del departamento, que tenía una clave electrónica. Como ésta no funcionó, volvieron a su casa para buscar los datos de esa clave. Llamaron a la secretaria del Fiscal, quien tampoco pudo comunicarse con el Fiscal telefónicamente, Miientras todas estas tareas se realizaban, nadie quedó cuidando a Nisman. Luego de once horas, cerca de la medianoche, un cerrajero logra abrir la puerta, e ingresa la madre Sara Garfunkel, una amiga de ella y el custodio. Este último es quien encuentra a Alberto Nisman, con una bala en la cabeza, y con un gran charco de sangre alrededor de su cuerpo.

La ley indica que ante una escena del crimen, nadie puede ingresar salvo un médico que constate la herida, hasta que no llegue el Juez o el Fiscal de turno. Sin embargo, cuando llegaron al inmueble, se encontraron con numerosos miembros de la Policía Federal Argentina y el Secretario de Seguridad de la Nación Sergio Berni, que por ley tenían vedada la entrada Ninguno de ellos fue procesado hasta la fecha por la Fiscal Viviana Fein. Se cometieron todos los errores que podían cometerse en la preservación de la escena del crimen, lo que hasta la fecha se considera un verdadero escándalo, sin que nadie se haga responsable de nada. Se sabe que las computadoras y celulares del Fiscal fueron accionados de forma remota luego de la data de su muerte, como así también que la última persona en verlo con vida fue Diego Lagomarsino, quien proveyó al Fiscal un viejo revólver calibre .22. Insóliyamente, la Fiscal Viviana Fein, habiendo permanecido dos horas en el departamento, se apresura a declarar que se trata de un “suicidio”. En consonancia con ello al poco tiempo Cristina Fernández de Kirchner por vía de redes sociales, escribe textualmente que se trata de un suicidio, para luego de 48 horas poner en duda esa tesis, y señalar que ella nunca había hablado de “suicidio”, lo cual está escrito y fue reproducido por todas las cadenas de televisión, radio y gráficas. Se cree a la fecha que se ha tratado de un homicidio, que quienes debieron custodiarlo dejaron la “zona liberada” para la comisión del crimen. Hasta la fecha en que esto se escribe, el crimen no ha sido esclarecido, no hay ningún sospechoso, y se duda que alguna vez se sepa algo al respecto. Alberto Nisman merece que se sepa qué sucedió, y que ello quede esclarecido en la Justicia. No se puede esperar menos.

Deja un comentario