Buscando la igualdad Bachelet cosechó el desempleo en Chile

El crecimiento sostenido que ha caracterizado a Chile desde el regreso de la democracia parece tener dos puntos de inflexión: Michelle Bachelet y, con ello, sus “dos períodos de Gobierno” (¿o desgobierno?). Esta coincidencia una vez más será explicada haciendo referencia a los hallazgos del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, que señalan que el índice de cesantía en Santiago es de 9,4% y que solo había sido igualado por el primer Gobierno de la presidenta.

Sería reduccionista afirmar que la disminución en los valores de las commodities en el mundo sería la única razón por la cual ha aumentado el desempleo, porque dicha volatilidad siempre está presente, no así las políticas internas que son las que, en definitiva, han marcado una distancia en la capacidad de respuesta de los diferentes gobiernos.

Es válido afirmar que las políticas internas han ido sepultando la confianza de los pequeños, medianos y grandes empresarios, quienes crean cerca de 90% del empleo y que a fin de proteger sus finanzas y su capital han contenido su ánimo emprendedor hasta encontrarnos hoy con una clase empresarial conservadora. Ante la incertidumbre que generan las disposiciones legales inciertas y ambiguas y las reformas económicas restrictivas y asfixiantes, la decisión de no seguir contratando emerge como la decisión más razonable, siendo los trabajadores menos especializados los más perjudicados, pues son ellos los más prescindibles a la hora de seleccionar personal esencial.

Una vez que la cifra de desempleo haya aumentado sin tener una reacción directamente proporcional en los precios de los bienes y servicios tenemos dos problemas: inflación y desempleo y los más pobres, pues aquellos que estaban recién integrándose al desarrollo a través de trabajos simples y medianamente pagados ahora se quedan con nada.

¿Cuál es el panorama entonces? Un vasto número de personas que ahora tendrán que buscar trabajo porque siendo muchos de ellos el sostén del hogar las fuentes de ingreso serán insuficientes y se verán obligados a aceptar trabajos mediocres; otros, en cambio, se quedarán en la búsqueda.

Fuerza laboral debilitada

Al analizar este problema debemos entender que se trata de personas, no son números vacíos. Las estadísticas indican que los afectados son jóvenes y mujeres; los mismos que alguna vez (y lo digo con nostalgia) representaron 57% de la fuerza laboral y que hoy no pasan de 17%. Conviene reflexionar, ¿por qué si el anterior gobierno, que tenía políticas más liberales y, según el Gobierno actual, “perversas para el desarrollo”, llegó a crear 254.00 empleos anuales mientras la administración socialista vigente (Bachelet) crea 65.000 empleos, de los cuales 34% son públicos?

¿Qué han implicado esas reformas nefastas que pretenden recolectar dinero de quienes con esfuerzo crean riqueza para otorgar “derechos sociales” (por ejemplo, la reforma tributaria”)? Castrar el crecimiento de las empresas, restringir el emprendimiento, aniquilar la génesis del trabajo, porque para el actual Gobierno “el problema es que algunos tengan demasiado” , o la reforma laboral y su esfuerzo desmedido por deshabilitar a los trabajadores que no quieren asociarse a un sindicato sino mediar por sí mismos.

Es lamentable que un Gobierno que es elegido bajo el eslogan de la igualdad le quite a la población la mejor herramienta para combatirla: el empleo. Fue el empleo pleno, ese que tuvo Chile hasta hace dos años, lo que nos caracterizó y nos hizo progresar.

Así como los niños en sus años tempranos nos inundan de preguntas, conviene cuestionarnos ¿por qué la igualdad es buena? ¿Qué igualdad estamos persiguiendo? ¿Queremos ser/estar igualados en la pobreza? Porque esa parece ser la realidad que nos espera de continuar con las políticas que espantan a los generadores de riquezas.

Chile ya conoce lo que es pleno empleo: buenos salarios para los trabajadores, posibilidades de elección, impuestos moderados. ¿Qué es más loable que la posibilidad de ponerle fin a la pobreza ofreciéndole a las personas la oportunidad de laborar, educarse y sostenerse gracias a un buen empleo? ¿Debería sustituir un subsidio dicha posibilidad?

Un análisis doloroso

Un gobierno de izquierda, como el de Michelle Bachelet, cuya bandera es el “igualitarismo”, está generando la más cruel desigualdad: el desempleo que multiplica a los pobres y les quita las armas de defensa contra la miseria, volviéndolos una masa dependiente del asistencialismo y consolándolos con promesas futuras de ayuda estatal, ayuda de que el mismo Gobierno los obliga a depender.

El círculo es tan vicioso que continuar con el análisis es, en sí mismo, un acto doloroso, sobre todo porque más allá de las imperfecciones de otros gobiernos todos respetaron la libertad y la dignidad de las personas al preocuparse, y ocuparse, de un tema tan neurálgico como el empleo.

El “Gobierno de la igualdad” nos ha invertido su eslogan al nivelarnos hacia abajo. Esperemos que después de esta calamidad política Chile reaccione y utilice el sufragio como salida del desastre y vote por quienes ofrezcan una reconstrucción basada en la libertad, que respete la autonomía de las personas y anime a aquellos que desean prosperar para que generen desarrollo para todos.

Panam Post

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