Rolf Lüders: “Chile no volverá a crecer sin confianza para invertir”

Rolf Lüders es un economista, empresario, político y académico de la Universidad Católica de Chile. Fue Ministro de Hacienda y de Economía, Fomento y Reconstrucción en los años ochenta y es autor del libro “Milton Friedman: La vigencia de sus contribuciones” (2014).

El destacado miembro de los Chicago Boys ofreció su visión acerca del rumbo de la economía chilena.

La presidente Bachelet alcanzó la mitad de su mandato, y las polémicas por las reformas tuvieron su marcada presencia. ¿Qué impacto cree que tendrá la reforma tributaria a lo largo de los próximos años?

En el corto y mediano plazo, la reforma tributaria, en cuanto a mayor tasa de impuestos sobre la renta de las empresas, mostrará una principal tendencia a desalentar la inversión de las empresas medianas y grandes. Ello repercutirá en el empleo y en los aumentos salariales, que serán menores que en el caso contrafactual.

En una situación de largo plazo —comparado con el caso sin reforma tributaria— el nivel absoluto del PIB será menor y los salarios también. En este último plazo, sin embargo, el crecimiento económico no mostrará variaciones con respecto al contrafactual toda vez que los salarios hayan caído lo suficiente como para absorber los mayores tributos y junto con ello, eliminar el sesgo en contra de la inversión. ¿Es favorable esta reforma para el país o para sus trabajadores? Evidentemente no.

Otra reforma de gran polémica es la educativa. ¿Por qué cree que la clase política se ha vuelto tan descreída de subsidiar la demanda mediante vouchers?

La población lo que desea, naturalmente, es educación gratuita, de calidad, y que no discrimine entre hijos de ciudadanos más o menos pudientes. Si bien el sistema de subsidios a la educación pública mediante vouchers introdujo competencia y mejoró objetiva y significativamente la calidad de la educación pública, las diferencias de calidad con la educación privada siguen siendo muy sustanciales.

Estas diferencias —en vez de ser atribuidas a la gigantesca disimilitud entre el entonces existente subsidio (voucher) en la educación pública y el valor de la matrícula en un colegio particular pagado (aproximadamente uno a cinco)— se le atribuyeron maliciosa y exitosamente a los vouchers, por agentes políticos ideologizados interesados en estatizar el sistema.

Siguiendo con las reformas, la que hoy está en plena discusión es la reforma laboral. ¿Puede generar un daño el hecho de que exista un excesivo poder en manos de los sindicatos?

En general, Chile tiene una tasa de sindicalización baja, y el porcentaje de trabajadores que negocia colectivamente no alcanza ni cercanamente al 10 por ciento. La sindicalización es voluntaria y puede haber más de un sindicato por empresa. En este sentido, Chile ha seguido la tendencia mundial, reflejo de la reducción relativa de la manufactura tradicional.

Por otra parte, la nueva ley pretende forzar un aumento de las mencionadas tasas, principalmente mediante la titularidad sindical (sólo ellos pueden negociar) y la prohibición del reemplazo en caso de huelga.

En el corto y mediano plazo es previsible un aumento significativo de los conflictos laborales, lo que no es positivo para la inversión y el crecimiento. Como en el caso de la reforma tributaria, en un plazo mayor, la menor inversión con respecto al contrafactual se traducirá en parte en un PIB y salarios reales menores.

El déficit fiscal en Chile continúa agravándose y pareciera ser difícil alcanzar un equilibrio estructural. ¿Es suficiente un ajuste de US$540 millones en el gasto público? ¿Cómo podría evitarse el déficit?

El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ha tenido éxito en al menos colocar al fisco chileno en la senda de la reducción del déficit estructural, que se estaba moviendo en el sentido contrario bajo su antecesor. En este paso, Valdés contó con el apoyo casi unánime de la comunidad de economistas macroeconómicos de Chile.

Por mucho que nos guste a algunos, hacer un mayor esfuerzo fiscal en momentos en que la economía chilena se está desacelerando, es algo políticamente fuera de lugar, máxime si ya varios connotados especialistas de la plaza han expresado la inconveniencia de reducciones adicionales del gasto fiscal (o de aumentos tributarios).

El problema lo tiene entonces el Banco Central, que va con dos años con tasas de inflación que superan su meta y aún así, sigue teniendo una política monetaria expansiva.

La economía se encuentra estancada y con un ritmo de crecimiento lento. ¿Cuánto cree que es atribuible al contexto internacional (precios commodities, tasas internacionales) y cuánto a un contexto interno?

En una mirada más larga —desde 2013 por ejemplo— la caída del precio del cobre sin duda ha afectado la tasa de crecimiento del país, principalmente por la consiguiente caída en la inversión minera, que ha sido muy significativa.

No obstante, los términos de intercambio no han sido muy afectados —la caída del precio del cobre se ha compensado con la caída del precio del petróleo, que el país importa— y Chile cuenta con un sistema de precios muy flexible. Por este motivo, la caída en el sector minero ya se debería haber compensado a estas alturas con expansiones en otros sectores.

Eso no ha sucedido, a pesar de que, por ejemplo, el peso chileno se depreció en alrededor del 50%. La explicación radica en la incertidumbre generada por las reformas del gobierno de Bachelet, que ha inducido a los empresarios a postergar inversiones o a realizarlas en otros países.

¿Cuál es el camino para retomar las sendas de un crecimiento fuerte y sostenido?

Chile no volverá a crecer a tasas del cuatro o cinco por ciento anual en forma sostenida mientras no se despeje el clima de desconfianza existente en el país, y lo hará —bajo condiciones internacionales normales— si se mantiene la expectativa de la permanencia en el tiempo de una economía, regulada por cierto, pero esencialmente de libre mercado, abierta al comercio y al financiamiento internacional.

En estas circunstancias, generar confianza bajo la existencia de una economía de este tipo, es una tarea casi imposible, dado que existe una proporción no despreciable de la dirigencia política que pretende implementar un modelo alternativo, significativamente más estatista que el actual.

Cuál de los dos modelos, o qué combinación de ellos, se adoptará en definitiva, eso es algo que se definirá en las urnas en los próximos años.

¿En qué puede favorecer a Chile el cambio de Gobierno observado en Argentina?

Siempre es beneficioso tener un vecino con una economía próspera basada en pilares similares. Cabe esperar que —de facto— las barreras al comercio disminuyan y eso beneficie a ambos países.

No obstante, la mayor importancia del cambio en Argentina es que viene acompañado de probables cambios políticos en otros países que habían optado —en mayor o menor grado— por otro modelo, mucho más estatista que el chileno. Corresponde destacar entre ellos a Brasil y a Venezuela.

Un barrio —al que se agregan Perú, Colombia y Panamá, entre otros— en que sí prevalecen similares políticas económicas de mercado, sin duda favorece al comercio y a la estabilidad tanto política como económica.

En octubre del año pasado protagonizó la noticia la colusión del papel higiénico. ¿Qué opinión le merece al respecto y cuál cree que es la mejor manera de combatir el problema?

En una economía como la chilena —competitiva, de libre mercado— no debe haber espacio para la colusión. No obstante, se puede producir y de hecho se ha producido. Por eso, en Chile se creó en los años 1950 un mecanismo institucional (Tribunal de Defensa de la Libre Competencia-TDLC) para sancionar cualquier práctica opuesta a la competencia, incluyendo la colusión.

A pesar de lo anterior, el principal instrumento ideado en Chile, un país chico con pocas empresas en cada rubro, para, entre otras cosas, evitar la colusión, ha sido la más absoluta apertura al comercio y al financiamiento internacional.

De este modo, las empresas chilenas enfrentan la competencia de sus más poderosos pares internacionales y de poco les sirve coludirse entre ellas.

Aún así, en el caso de bienes y servicios no transados internacionalmente y en ocasiones incluso en las cuales hay transado —como sucedió con el papel tissue— se produce colusión y le corresponde al TDLC emitir una sanción.

PanAm Post

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